sábado, 7 de mayo de 2011

Llorè por primera vez....


Lloré la primera vez que vi a mi hija en una incubadora, toda azul con tubos en las venas, en la nariz y en los pulmones. Solo los aparatos la mantenían viva. Tan indefensa, dependiente de las habilidades de médicos y enfermeras. Siento miedo por Mi Reina.


Lloré la primera vez que miré a los ojos de su papá y vi su dolor y su temor. ¿He estado tan absorta en mi propio dolor que no logré ver el de èl? ¿Qué puedo decirle? ¿Qué promesas hacerle? No lo quiero menos, sino mucho más. Ambos sentimos dolor por nuestra Reina.

Lloré la primera vez que tuve a mi hija en mis brazos. Tan pequeña y frágil, indiferente a mi voz, a mi roce. Aún conectada a tubos y aparatos. ¿Vivirá? ¿La llamará Dios a su lado? Mi corazón siente dolor por Mi Reina.
Lloré la primera vez que la llevé a casa, sintiéndome tan asustada e insegura. ¿Podré cuidar de este niña que no emite sonido alguno? ¿Estará bien? ¿Podré percibir sus necesidades?
Lloré la primera vez que el doctor me dijo Parálisis Cerebral. ¿Qué significa? ¿Qué tipo de futuro tendrá? ¿Podrá caminar, arrastrarse, o al menos voltearse? ¿Estará en silla de ruedas, dependiente de mi para siempre? ¿Tendrá retardo mental? ¿Podrá curarse? ¿Qué pasará con Mi Reina?



Lloré la primera vez que mi Reina lloró. ¡Hizo un sonido! Su primera comunicación. Ahora sabré cuando algo anda mal, cuando necesita mi atención, cuando necesita mi amor. ¡Ahora sí parece que hay un bebé en casa! Mi Reina, puede llorar.

Lloré la primera vez que mi Reina sonrió. Una señal de placer. Su vida no es tan mala. Sí siente felicidad y confort. ¡Algo marcha bien! ¡Sus ojos brillan! ¡Sus cachetes se inflaron! ¡Qué preciosa, la primera sonrisa de mi hija!
Lloré la primera vez que mi hija dijo “Mamá”. Tanto orgullo por su logro. Colocó sus labios sobre mi cachete, inhaló profundamente y con toda su fuerza formó los sonidos.
Mi Reina, se sabe mi nombre.

Lloré la primera vez que la miré y pude ver más allá de mi misma. Una persona, aunque pequeña, un individuo, con sus propias necesidades, sus propias alegrías, sus propios temores. Necesita mi amor y reparte el suyo sin medirlo. Mi hija, efectivamente, es una Reina.
Lloré la primera vez con lágrimas de felicidad. Ya no era con dolor o temor, sino con orgullo por esta joven que se ha esforzado tanto, por ella pude apreciar las cosas sencillas de la vida. No siente miedo del futuro. Vive cada momento tal como se presenta y siente placer de ser Mi Reina.

Poema escrito por una hermana de un niño discapacitado, se llama Caleb.
de:   http://maria-j.lacoctelera.net/post/2007/06/05/va-dicado-todas-madres-tienen-hijos-con

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bella tu reina. ella es perfecta, asi tal cual y como nació.

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